Memoria – Recuerdos evocadores

LA FRASE

El recuerdo en la memoria

Frases que hablan sobre el tema de la semana: La memoria y el recuerdo

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LA CANCIÓN

Volver – Malevaje

Emotivo tango dedicado a los recuerdos, a la memoria de los años pasados, los de la infancia, cuando se evocan desde el retorno. Fue compuesta en 1934 por Carlos Gardel y por Alfredo Le Pera e interpretada por el primero.

Me hubiera gustado traer la versión del propio Gardel, pero no encontré ninguna remasterizada. Así que os traigo esta de Malevaje, en la que se guarda la esencia de los tangos arrabaleros desgarrados y meláncólicos. Como dijo Borges “… toda esa tristeza del tango es lo que ha llevado a gente a afirmar que el tango es “un pensamiento triste que se baila”, como si la música saliera del pensamiento y no de emociones.” La versión está incluida en su disco Con su permiso, Don Carlos (1996).

La canción se ha sido interpretada por diferentes autores en muy diferentes estilos: flamenco, rock, pop, balada, boleros…, y en voces como las de Roberto Carlos, Estela Morente, Adriana Varela, Lucho Gatica, Julio Iglesia, Andrés Calamaro, Pablo Alborán, y unos cuantos más. Os dejo aquí algunas versiones.

recuerdoEL POEMA

Recuerdo en la alameda

Languidecen las sombras
De los álamos junto al río,
Esos álamos viejos, altos, blancos
Que crecieron conmigo.
Ahí estaban una mañana
Sus flores como orugas de colores
Colgando del extremo de sus ramas
Al comenzar la primavera.
Y sus hojas que salían hacia el verano
Como manos con las palmas blancas
Que ya marrones como patas de pato
Se caían en otoño
Y ocultaban la oscura tierra del parque.
Y como en invierno,
Sin flores y sin hojas, piel de escarcha,
Quedaba el árbol desnudo
Al desamparo del frío viento norteño.
Esos árboles marcaron el tiempo
Paso a paso:
Las orugas, las manos, las patas de pato y su piel.
Las orugas, las manos, las patas de pato y su piel…
Año tras año.
De niño, junto al río,
Al atardecer jugaba entre los álamos
Después del colegio.
Quedaron los álamos junto al río,
Quedaron sobre la tierra las hojas.
Sobre mi rostro, sobre mis manos
Las huellas del tiempo quedaron
Como improntas dejadas por el barro
Que se escapa entre los dedos
Como los recueros
Que se deslizan silentes a través de mi memoria.
FIRMA JLB

Recuerdo infantil

        Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
        Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
        Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
        Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
        Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

ENCUENTADOS

El retrato

Lleva tanto tiempo allí que parece una prolongación del viejo aparador. Desde el interior del marco oscurecido por el tiempo y la nostalgia, un apuesto joven con atuendo militar nos sonríe.
— Es tu abuelo. Me dice al sorprenderme mirándolo. Lo anuncia con la emoción de la primera vez,  como si se lo desvelara a un extraño. Después la historia de siempre. Que era muy guapo, que le tocó hacer la mili en África y al poco de marcharse ella descubrió que estaba en estado. “Él no llegó a saberlo”, se lamenta.
— Míralo, un valiente, esa fiera la cobró él solito; y señala un pequeño hormiguero que yace a sus pies. Sigue hablando. Que si pasó allí muchos calores y enfermó, que las cartas dejaron de llegar…
Después va en busca de la última y me pide que se la lea. Yo, como siempre, le narro los paisajes, los colores, los sonidos y la luz de África que el abuelo describe; a veces se me escapa una lágrima, sobre todo cuando llego a la parte en la que le confiesa que no va a regresar, que está hechizado por la naturaleza, por el bullir trepidante de la vida, por una negra de ojos grandes y enorme corazón.

Que le perdone, suplica, que nunca la olvidará. Y se despide: “siempre tuyo”.
— ¿Ahí es dónde dice que me quiere, verdad?, me pregunta; y yo, una vez más, le digo que sí.

Relato de Yolanda Nava. Ganador del II CONCURSO DE RELATOS JAVIER TOMEO, categoría general.