TRISTEZA – Momento de inspiración

LA FRASE

Frases que nos evocan momentos tristes

Frases tristes

Momentos tristes - Cuando la tristeza llame a tu puerta déjala entrar, seguro te ofrece algo dulce.

Momentos tristes. Solo las peores tristezas son las que te enseñan lo que es la verdadera felicidad

LA CANCIÓN

Alfonsina y el Mar - Mercedes Sosa - momentos tristesAlfonsina y el mar

 

 

 

      Alfonsina y el mar - Mercedes Sosa

Es una de las canciones más triste que he escuchado jamás, pero también de las más hermosas. Su música es desgarradora, el solo de piano toca directo lo más profundo de nuestras pasiones, y la voz de su intérprete, Mercedes Sosa, pone el punto dramático que completa el cuadro. Es un tema compuesto en 1969 por el pianista argentino Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna, y se basa en la historia del suicidio de la poetisa argentina Alfonsina Storni, acaecido en Mar de Plata. La canción se incluye en el disco de Mercedes Sosa – Mujeres Argentinas, de 1969. Ha sido versionada por cerca de 50 intérpretes, entre las que destacaría, junto con la versión de Mercedes Sosa (para mí la mejor), la de Diego el Cigala, la de Silvia Pérez Cruz y la de Pasión Vega.

                               

EL POEMA

Ribera del río - momentos tristesSombras

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Tus palabras me susurran al oído
Como hojas de árbol inquietas por el viento.
La tarde tranquila, el cielo y las nubes, las nubes y el río.
Sobre tu vientre descansan mis manos,
Tu espalda descansa sobre el mío
Y la pasión entre los dos .
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No sé si esto que cuento es verdad,
No sé si lo he soñado
y aún perdura más allá del leve instante que perduran los sueños
Como suaves luces que quedan tras el fogonazo
Que deja el deseo
Sobre unos ojos dormidos, sobre unos ojos cerrados.
.
La tarde alarga la silueta
De los álamos tendidos sobre la ribera,
Viejo instante compartido entre las sombras
apacibles, melodía de alma inquieta,
De alma entregada a tu rostro y a tus formas,
Inspiración de un poeta.
.
Repaso las hojas
De ese gastado y viejo almanaque
Donde escribí mis vestigios, donde descansa mi ego.
Hojas hace tiempo olvidadas, hace tiempo vacías,
Donde ya no se escriben deseos
Ni pasiones, ni poesía.
FIRMA JLB

 

Poema 20

Pablo Neruda - 20 poemas de amor - momentos tristes
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PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Rosa CorralENCUENTADOS

El final de una ilusión

Cuando entendió que había cerrado los ojos para siempre, él deseó haber hecho lo mismo. La pena se había agarrado a su pecho y se le extendía como una mancha de tinta, tornando en oscuridad todo lo que encontraba a su paso.

Lo recordaba postrado en la cama, mirándole con bondad y rechazando sus vanos intentos por apartarlo de su última locura. ”Este es el fin, amigo mío”, le dijo su señor con la voz cansada. Apenas volvía aquel recuerdo, sus ojos se transformaban en un río incontenible. Se sentía forzado a vivir una segunda existencia sin él y era incapaz de sacudirse la tristeza que le causaba en su alma.

 Cada noche Teresa le intentaba consolar con ternura y comprensión, pero su mujer no conseguía sacarlo de su aflicción. “Era un hombre de bien, nunca le había hecho mal a nadie”, se lamentaba  con un hilo de voz.

 Se dirigió a buscar el único alivio que hallaba en aquellos penosos días, la compañía de quien podía  mitigar su dolor. Al entrar en la cuadra, lo encontró comiendo plácidamente. Se acercó a él y le acarició entre las orejas mientras le susurraba: ”Compañero mío, rucio de mi vida, ya no habrá más molinos de vientos. Se acabaron nuestras correrías”.